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BONAPARTE ONDAREKO ESKUIZKRIBUAK - FONDO BONAPARTE
Bonaparte

Colaboradores

El Príncipe Bonaparte no hubiese podido realizar un trabajo tan ingente sin la ayuda de los colaboradores que tuvo en el País Vasco, distribuidos en todos los territorios y para todos los dialectos del euskara. Su labor consistía en realizar las traducciones que les solicitaba, recoger y remitir los datos que les pedía sobre el dialecto correspondiente, acompañar al propio Príncipe en sus viajes por el País Vasco y buscar informantes para las sesiones de carácter presencial. Ciertamente, ese grupo amplio de colaboradores podría entenderse como una academia vasca, y cabría mantener que conformaban el grupo de personas mejor preparadas de la época para trabajar en el ámbito del euskara.

La presencia de los colaboradores se constata, por un lado, en los textos que se recogen en el Fondo, traducciones en su gran mayoría, y en la correspondencia que mantuvieron con Bonaparte, ya que en ella aparecen datos de interés correspondientes a la sociolingüística y a la lingüística. Los principales colaboradores fueron los siguientes:

Jose Antonio Uriarte Claudio Otaegui Bruno Echenique Joaquin Lizarraga
Jean Pierre Duvoisin Jean Martin Hiribarren Jean Baptiste Dasconaguerre Iribarnegaray Abadea
Cazenave abadea A. Salaberri D'Ibarrole Emmanuel Inchauspe J. B. Archu
Mariano Mendigacha Pedro Prudencio Hualde Mayo Pedro José Samper y el salacenco Pedro José Minondo y el aezcoano
José Ignacio Arana S. J. Juan Antonio Moguel Otros BIBLIOGRAFIA



Jose Antonio Uriarte

Nacido en Arrigorriaga (1812-1869), fue franciscano, y podría decirse que dedicó su vida a la lengua vasca. En 1856, Bonaparte le oyó predicar en la iglesia de San Nicolás de Bilbao y, a partir de entonces, lo tuvo como colaborador para el dialecto vizcaíno, llegando a ser uno de los más importantes. Incluso viajaba a Londres para corregir las pruebas de impresión de los textos vascos. Aunque la mayor parte de su vida la hizo en Bermeo, murió en el convento de Zarauz.

Las traducciones que realizó al vizcaíno fueron las siguientes: al subdialecto oriental: San Juan Apostolubaren Apokalipsisa, Salomonen Kanten kantia, Markinako Dotrina I y Markinako Dotrina II, (Agustín Pascual de) Iturriagaren Euskal Elkarrizketak, San Mateoren Ebanjelioa y Benedicite; al subdialecto occidental: Plentziako Dotrina, Orozkoko Dotrina, Arrigorriagako Dotrina, Arratiako Dotrina, Otxandioko Dotrina, Gernikako Dotrina, Bermeoko Dotrina; al que se puede denominar vizcaíno literario: San Juan Apostulubaren Apokalipsisa, Jonasen Profezija, Ruten Liburua y Salomonen Kanten Kantea.

También tradujo bastantes textos al guipuzcoano, libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, realizando incluso varias versiones de algunos del Nuevo: tres del Evangelio de San Mateo, dos del Apocalipsis y otras dos de los Hechos de los Apóstoles. Aunque siguió meticulosamente las instrucciones del Príncipe, se nota la influencia del vizcaíno. Quizá fue por eso que Bonaparte enviara a José Antonio Azpiazu, de Segura, las traducciones del Génesis, del Éxodo y del Levítico y la del Evangelio de San Mateo para que las revisara y corrigiera. No obstante, como se trataba de un trabajo laborioso, parece que a este último le falto ánimo para culminarlo, ya que cientos de páginas traducidas por Uriarte quedaron sin ser revisadas.


Claudio Otaegui

Nació en Cegama, Guipúzcoa, en 1836. A partir de 1859 fue maestro en Fuenterrabía y vivió allí hasta su fallecimiento en 1890. Vascófilo notable, parece que fue Bonaparte quien lo animó a realizar traducciones al euskara. Acompañó al Príncipe en los viajes que llevó a cabo por Navarra en 1866, 1869 y 1870. Fue el colaborador más preparado, constante y agradable que tuvo Bonaparte en Guipúzcoa y, además, su relación fue más estrecha, ya que la cuñada de Otaegui, hermana de su mujer, fue la segunda esposa de Bonaparte.

Fueron bastantes las traducciones que le hizo y envió al Príncipe: San Mateoren Ebanjelioa, Ruten Liburua, Jonasen Profezia, Salomonen Cantan cantea, Eguren jaunen metodon Laugarren partea y una doctrina, todas ellas al euskara de Cegama. También tradujo otras doctrinas y adaptó al habla que Bonaparte solicitaba algunas que fueron previamente traducidas por otros autores: Azpeitia, Hernani, Villafranca, Tolosa. Finalmente, tradujo al guipuzcoano literario San Juanen Ebanjelioa.

En el Fondo Bonaparte, lamentablemente, no están recogidos todos los manuscritos que tradujo al euskara. Aparte del trabajo apologético que escribió en castellano, los de San Marcosen Ebanjelioa, Salomonen Kantuen Kanta y Apokalipsia, todos escritos en 1867.

Desde el punto de vista de la dialectología, los trabajos más interesantes son los que tradujo al euskara de Cegama, que era su propia habla y, por tanto, reflejan el habla real de dicha localidad. Además quedan las listas de palabras que envió a Bonaparte, pero que aquí no se publican por no tratarse de textos.


Bruno Echenique

Su nombre completo es Bruno Eugenio María Echenique Garmendia, y nació en Urdax, Navarra, en 1819. Vivía en Elizondo en el palacio llamado Datuegaraia. Su padre era de Urdax y su madre, de Bera. Debió de cursar sus estudios en Larresoro, de Iparralde (Norte del País Vasco), murió en Pamplona en 1893.

A través de Antoine d´Abbadie, conoció a L.L Bonaparte en Baigorri en 1856. Fue ahí donde el Príncipe le encargó la traducción del Evangelio de San Mateo a la variedad del Baztán, encargo que cumplió prontamente, ya que al año siguiente el libro estaba ya publicado. En los tres viajes que realizó Bonaparte a Euskal Herria, tuvo a Echenique como acompañante por lo menos en los pueblos de Navarra y también cuando iban de caza, de la que tanto gustaban ambos. El Príncipe también estuvo alojado en Datuegaraia y allí prepararon conjuntamente su primer viaje por pueblos de Navarra. Y por lo que se puede deducir de las cartas que se enviaron, aparte de fiel colaborador suyo, era un amigo muy apreciado.

Fue el colaborador más dispuesto de Bonaparte, cuyas instrucciones, avisos y objetivos atendía con meticulosidad y lucidez en sus traducciones. Tradujo al euskara bastantes libros de la Biblia -San Mateoren Ebanjelioa dos veces, Salomonen Cantuen Cantua, Ruthen liburua, Jonasen Profezia, Apostoluaïn Apocalypsis edo Revelacioa- y la doctrina a la variedad del Baztán, en concreto al habla de Elizondo, y también la doctrina de Vera de Bidasoa; fue Echenique quien copió la Doctrina que P. Tornaria tradujo al euskara de Lizaso y quien, con toda probabilidad, adecuó la pronunciación a la grafía que quería Bonaparte. Ayudó al Príncipe en muchas otras cosas, le envió muchos manuscritos, recogidos aquí y allá, para que los pudiera clasificar, puesto que conocía bien el altonavarro septentrional. También tradujo al guipuzcoano de Navarra, o bien las copió y adaptó, las doctrinas de Urdiain y de Etxarri-Aranaz.


Joaquin Lizarraga

Nació en Elcano, pueblo a 10 km. de Pamplona, el 17 de septiembre de 1748. Con 12 años fue a los jesuitas de Pamplona, donde cursó Humanidades, y en 1765 entró en la Compañía como novicio en Villagarcía de Campos. Cuando el Rey de España expulsó de sus territorios a los jesuitas en 1767, Lizarraga continuó con los estudios eclesiásticos y en 1771, con 23 años, fue ordenado sacerdote. Ese mismo año lo destinaron a Elcano, donde estuvo durante 64 años como vicario, hasta que falleció el 20 de enero de 1835.

Tenía buena formación, y el interés por el euskara provendría de sus años de juventud, precisamente de la denominada "época de oro del euskara" en el ámbito jesuítico, debida a la influencia del P. Larramendi. No hay que olvidar, por otro lado, que, cuando Lizarraga estuvo en el colegio de los jesuitas de Pamplona, estaba allí el P. Sebastián Mendiburu; es muy probable, por tanto, que se conocieran, y ahí pudo desarrollarse su afición por el euskara.

Fruto de esas influencias es su trabajo escrito, sobre todo una gran cantidad de sermones, traducciones de vidas de Jesús, de María, de los santos, de doctrinas, del Evangelio de San Juan, coplas, etc., escritos en euskara. Trabajo productivo, como su propia vida, ya que escribió 4.500 páginas con letra pequeña y cuidada. Escribía para que los sacerdotes tuviesen temas y materiales en euskara. Quizá tuviera la intención de publicarlos, pero, de hecho, no publicó nada. Lo que está claro es que no quería que su obra se perdiese. A su sobrino, Francisco Joaquín de Unciti, que fue vicario de Orrio, le dejó todos los textos que escribió. Después del fallecimiento de su sobrino, todos ellos volvieron a la casa natal de Lizarraga. Más tarde fueron repartiéndose por diferentes sitios: seminario de Pamplona y convento de Capuchinos en Pamplona. Otros llegaron a manos de Luis Luciano Bonaparte, que son los que se guardan en el Fondo Bonaparte del Archivo Real y General de Navarra.

Joaquín Lizarraga no fue colaborador del Príncipe Bonaparte, pues había fallecido hacía tiempo. No obstante, su trabajo le fue de gran ayuda, ya que el Príncipe utilizó los manuscritos, que le depararon la mejor oportunidad de conocer y analizar el dialecto altonavarro meridional, especialmente la variedad del Valle de Egués. L.L.Bonaparte preparó dos publicaciones, ambas en Londres, en 1868. De todas formas, teniendo en cuenta que para este dialecto, a consecuencia de la situación en que se encontraba, no tuvo ningún colaborador concreto que le pudiera facilitar traducciones, los trabajos de Elcano cubrieron en buena medida ese vacío.


Jean Pierre Duvoisin

Nació en Ainhoa, Lapurdi, en 1810, si bien pasó su infancia en Ezpeleta. Estudió en el colegio de Larresoro hasta los veinte años, y fue allí donde adquirió la formación cultural y humanística que luego le sirvió para escribir sus trabajos. Aunque pasó casi treinta años trabajando en el puesto de aduana que ocupaba su padre, se dedicó con gran dominio a la literatura y a la traducción en y al euskara, llegando a producir una importante cantidad de obras en dialecto labortano principalmente. Nada tiene, pues, de sorprendente que en 1856, cuando el Príncipe Bonaparte vino por primera vez a Euskal Herria y se puso en contacto en Bayona con Antoine d´Abbadie, a quien ya conocía, éste le presentara a Jean Pierre Duvoisin. En adelante, sería un gran colaborador del Príncipe Bonaparte a lo largo de su vida, puesto que ambos murieron el mismo año de 1891. Mantuvieron una estrecha relación, tal como lo atestiguan las 176 cartas que escribió a Bonaparte.

El primer trabajo que tradujo a petición del Príncipe fue Iturriagaren Solastaldiak, traducido y publicado en 1857. Si bien fue inestimable la colaboración de Duvoisin con sus traducciones las informaciones que le facilitó a Bonaparte también fueron de gran valor. Su obra más importante en el área de la traducción se inició en 1869. Fue entonces, cuando con cuarenta y nueve años dejó su trabajo -era Capitán de Aduana-, y se puso a las órdenes de Bonaparte. El encargo que recibió fue el de traducir la Biblia al labortano, y, afortunadamente, cumplió con el objetivo de traducirla íntegramente. Aunque el propósito de Bonaparte era el de traducir la Biblia a todos los dialectos vascos y publicarlas íntegramente, salvo la traducción de Duvoisin, no consiguió hacer ninguna otra; por otro lado, la primera vez que se publicó al euskara el texto completo de la Biblia, fue la de esta traducción de Duvoisin publicada por el Príncipe.

En el Fondo Bonaparte, no están, por desgracia, los manuscritos de los libros que publicó aparte de la Biblia. Es decir, El Cantar de los Cantares de Salomón, El libro de Ruth y la Profecía de Jonás.


Jean Martin Hiribarren

Nació en Azkain en 1810 y murió en Bayona a los cincuenta y seis años de edad. Fue sacerdote y párroco de Bardoz y de Urruña. Aunque fue conocido por su largo poema Eucaldunac, entre otros trabajos escribió también una gramática vasca y un diccionario vasco. La mayoría quedaron sin publicarse.

En el Fondo Bonaparte se encuentra el desconocido e inédito poema Napoleon Lehena. Fue el propio Hiribarren quien se lo entregó a Bonaparte en el primer viaje que hizo a Euskal Herria, en 1856. Acompañaba al poema una dedicatoria a Bonaparte, Lucien Bonaparte Inperial Yaunari, en forma de breve poesía de dos estrofas. Tiene puesta la fecha y coincide con la estancia del Príncipe en Bardoz, ya que el propio autor indica: "Escrito en Bardoz el 5 de Agosto de 1856". A pesar del interés del autor, se diría que Bonaparte no tuvo intención de publicarlo, ya que el manuscrito no presenta ningún tipo de correcciones, al contrario de como solía hacer con las obras que preparaba para su publicación.

El texto está escrito en buen labortano. No obstante, el lenguaje poético resulta un poco duro, no muy flexible y tampoco tan fácil de entender, bien porque recurre a hipérbatos exagerados, bien porque emplea demasiadas palabras desconocidas.


Jean Baptiste Dasconaguerre

Nació en Bayona en 1815. Realizó en París sus estudios universitarios y logró el doctorado en Derecho. Fue notario, primero en Bastida, de Baja Navarra, y de 1861 a 1884 en Bayona. No se encuentran muchos datos documentados de su vida, salvo que fue Diputado del Consejo General. En lo que a literatura respecta, es el autor de la primera novela escrita en euskara: Atheka-gaitzeko oihartzunak, publicada primero en francés con el título Les échos du pas de Roland. En el Fondo Bonaparte, entre los manuscritos en labortano, aparecen diferentes partes de dicha novela. Existe también copia de una carta dirigida a Bonaparte, si bien, no parece que corresponda al propio Dasconaguerre, ya que ni está firmada, ni la letra se corresponde con otra existente en el mismo Fondo, dirigida también al Príncipe y que sí está debidamente firmada.


Iribarnegaray

La mayoría de los textos traducidos al Bajonavarro occidental son traducciones hechas al subdialecto de Baigorri por el sacerdote Iribarnegaray: Yesu Crichtoin Ebanyeliua San Mathioin arabera, Yan Donaaniin Apokalipza, Kantiken Kantika, Erruthen Liburua, Yonasen profezia eta Hirur haurren cantica.

Respecto a la calidad del lenguaje utilizado, se ha considerado de nivel inferior al de las traducciones al subdialecto de Garazi realizadas por Cazenave. Aunque esto pudiera ser asumible desde algún punto de vista, no hay razón plausible de desmerecimiento alguno, puesto que se trata de una traducción ágil, que refleja el carácter de la lengua y recoge el uso popular, evitando siempre el descuido en su escritura.


Cazenave

En lo que respecta al bajonavarro oriental, la mayoría de los manuscritos existentes en el fondo son del sacerdote Cazenave. Sobre su vida apenas se conoce nada, fue párroco de Mithiriña, pues lo dice él en un manuscrito suyo: "L´Abbé Cazenave curé de Beyrie de St. Palais"; en efecto, Mithirina, en francés se denomina Beyrie-sur-Joyeuse, o Beyrie.

Cazenave fue el autor de muchas traducciones de un nivel notable; el propio Lacombe reconoce que la traducción del Evangelio de San Mateo es muy buena. Aparte de la obra mencionada, Cazenave tradujo los siguientes libros a la variedad de Garazi: Apokalipsa, una doctrina y las notas al Libro de Jonás. La letra de este último manuscrito no es suya, aunque Bonaparte lo publicó otorgando la autoría a Cazenave. El mismo caso ocurre con Salomonen Kantiken Kantika, cuyas notas son de Cazenave, pero no así la letra del texto, Bonaparte lo atribuye a Cazenave. A la variedad de Amikutze tradujo Donapauleko doctrina y a la de Arberoa, Donamartiriko Dotrina. Se puede decir, pues, que tuvo en Cazenave un buen y fructífero colaborador, también por las anotaciones y explicaciones que ofrece sobre la lengua, concretas y clarificadoras.


A. Salaberri D'Ibarrole

Este notario de Donibane Garazi con 79 años conoció al Principe Bonaparte, ya que nació en 1777. Se publicaron dos trabajos suyos : Vocabulaire de mots basques bas-navarrais traduits en langue fraçaise (1856) y L'Evangile selon Saint Mathieu, sur la version de M. Le Maistre de Sacy, traduit en langue basque, dialecte bas-navarrais (1856). En el Fondo Bonaparte no hay manuscritos de este autor y, por tanto, no se hace ninguna edición de esos textos. No parece que satisficieran al Príncipe Bonaparte las traducciones de Salaberri, ya que no se servía sólo del euskara de Garazi, sino que también utilizaba formas de Baigorri y del labortano en sus traducciones.


Emmanuel Inchauspe

Enmanuel Inchauspe nació en Zunharreta de Zuberoa (1815). Cursó sus estudios en el Seminario de Bayona, tras su ordenación sacerdotal estuvo durante veintidós años en el Hospital de dicha ciudad como capellán. Fue un eclesiástico reconocido y ocupó diferentes cargos: canónigo en la Diócesis de Bayona, Vicario y Secretario General del Obispo, y tomó parte como teólogo en el Concilio Vaticano. Sus últimos doce años vivió con su hermana en Omize, donde había pasado su infancia, y murió en 1902. Amante e investigador de la lengua vasca, realizó un gran trabajo en pro del euskara de Zuberoa, el suletino. Escribió Le Verbe Basque, el verbo en suletino, con un anexo que recogía listas de verbos de otros dialectos. Esta obra fue publicada por Bonaparte en 1858. También entre sus trabajos se encuentra la segunda edición del Gueroco-Guero de Axular en 1864.

También tradujo y escribió otros textos religiosos, todos en suletino e, igualmente, un par de obras en francés. El renombre de Inchauspe en el campo de las letras vascas es debido a su colaboración con Bonaparte y a las traducciones que realizó para aquel. Ya estaba, junto con Abbadie y Duvoisin en el recibimiento que se le hizo al Príncipe en Bayona en el primer viaje que éste hizo a Euskal Herria, el 19 de julio de 1856. Así comenzó la relación estrecha que mantuvo con él. Colaboró como traductor cinco años, hasta 1.861, aunque su relación personal duro mucho más. Las traducciones que Inchauspe hizo de los textos del Nuevo Testamento eran muy literales, puesto que creía que así debían ser las traducciones de los textos sagrados. El interés de Bonaparte, sin embargo, iba dirigido al idioma y, más en particular, al uso del dialecto suletino, por lo que Inchauspe, por razones de conciencia, consideró que debía dejar de hacer dichas traducciones. Las que hizo a petición de Bonaparte fueron: Jaundone Johane Apostoliaren Apokalipsa; Kristau Dotrina hiru aldakitara: Atharratzekora, Barkoxekora eta Literariora; Ineffabilis Bula e Iturriagaren Solastaldiak.


J. B. Archu

Otro colaborador de Bonaparte para el suletino fue J. B. Archu. Nació en Altzürüku en 1811 y murió en La Reóle (Gironde) en 1881. Fue maestro e inspector de escuela. Ya antes de conocer a Bonaparte se interesaba por la lengua vasca. En 1847 tradujo la obra de Etxepare y los poemas de Oihenart al francés; también tradujo al francés y, al año siguiente, alguna fábula de La Fontaine al suletino. Archu, en 1859, presentado por Abbadie, comenzó a hacer traducciones para Bonaparte. Tradujo en cuidado suletino Daviden Gorantzak edo Psalmiak, Genesia, Jonasen Libria, Ruthen Libria y Salomunen Kantiken Kantika, todos ellos del Antiguo Testamento.


Mariano Mendigacha

Bonaparte tuvo dos clases de colaboradores, algunos eran informantes y ayudantes en la realización de las traducciones, incluso pudieron ser autores orales, pero que no dejaron nada escrito; otros son los autores y traductores conocidos de los textos que aquí se editan.

Para informar sobre el roncalés, contó con Mariano Saturnino Mendigacha Ornat, nacido en Vidángoz en 1832 y que murió en el mismo pueblo en 1918. Agricultor y también colaborador de Bonaparte desde que el Príncipe fue al Roncal, en 1866, en su tercer viaje al País Vasco. En su quinto viaje, el último en 1869, quiso volver al Roncal, como había prometido, para continuar con la recogida y análisis de datos, sin embargo, la situación política española no hacía aconsejable su presencia en el País Vasco del sur. Hizo llegar a San Juan de Luz, lugar en el que fijó su punto de trabajo, a los informantes que pensaba entrevistar, entre otros, para el roncalés a Mariano Mendigacha. Por lo demás, no se conoce nada que hubiese escrito para Bonaparte, ni se sabe que le escribiera algo, salvo un breve apunte que hace el propio Bonaparte; oralmente, en cambio, sabemos que fue un gran colaborador y que le facilitó información abundante. No obstante, existe constancia escrita de él en unas cartas que dirigió, unos años más tarde, a Resurrección Mª de Azkue, de quien fue también colaborador.


Pedro Prudencio Hualde Mayo

Las traducciones realizadas al roncalés a solicitud de Bonaparte fueron realizadas por Pedro Prudencio Hualde Mayo. Nacido en Vidángoz en 1823, falleció en la misma localidad en 1879. Cursos sus estudios en Salvatierra de Aragón y en el Instituto y Seminario de Pamplona. Presbítero en 1850, tras su paso por Zolina y Uztarroz, fue párroco en Vidángoz.

Las traducciones de Hualde Mayo, el Evangelio de San Mateo y la doctrina al euskara roncalés han tenido buena aceptación, ya que son testimonios valiosísimos del habla roncalesa ya perdida.


Pedro José Samper y el salacenco

El Príncipe Bonaparte no tuvo, propiamente, ningún colaborador para el salacenco, es decir, colaborador al estilo de Bruno Echenique, Claudio Otaegui o J. A. Uriarte. Mantuvo relación con Marcelino Juanco, cura de Ochagavía. No fue, sin embargo, una relación personal directa, ya que se enviaban mensajes por medio de Bruno Echenique, tal como parece darse a entender en las cartas que el Príncipe escribía a Echenique. En cualquier caso, en los manuscritos que se recogen en el Fondo, no hay ninguno de Marcelino Juanco. El único manuscrito es una doctrina traducida al habla de Ochagavía, de Juan Marco Juanco, padre de Marcelino y maestro en Ochagavía.

Pedro José Samper Elizari nació y murió en Jaurrieta (1815-1870) de donde fue párroco. La mayoría de los textos manuscritos del Fondo correspondientes al salacenco son suyos. Por lo demás, cabe decir que sus traducciones reflejan bien el habla propia de Jaurrieta, ya que vivió allí gran parte de su vida y también sus padres eran de la misma localidad.

Pedro José Samper ha figurado siempre como colaborador de Bonaparte desde sus inicios. No obstante, podría cuestionarse esta aseveración en cierta medida, si se analiza con cuidado la correspondencia del Príncipe con Echenique. En las cartas de Bonaparte manifiesta con cierta insistencia la preocupación por el salacenco, y se nombra única y repetidamente a los Juanco, padre e hijo. Alguna vez se cita a dos sacerdotes que vivían fuera de Salazar; también se menciona varias veces a un sacerdote que le regaló en Ochagavía la doctrina de Oronz, pero cuyo nombre no alcanzó a conocer; sólo se sabe que estaba en los Recoletos de Olite y pertenecía a la citada Orden. Por tanto, teniendo en cuenta todo ello, ¿es comprensible que en cartas durante 9-10 años nunca nombrase a Echenique el nombre de Samper? Finalmente, tras el viaje que realizó a los valles pirenaicos, el 12 de abril de 1866, en la última carta que le escribió no nombra a Samper, únicamente dice: "J'ai déja donné de mes nouvelles aux deux curés de Jaurrieta et de Vidangoz". J. Urquijo (1910, 292).

Eso confirma lo que se ha dicho, es decir, que Echenique ni siquiera conocía el nombre de Samper, lo que hubiera sido imposible si Samper hubiese tenido relación con Bonaparte desde hacía años. Y, para terminar, cabe concluir por la carta que el propio Samper escribió a Bonaparte, que antes de dicha fecha Bonaparte no le había solicitado ninguna colaboración, lo que sería poco comprensible en todo ese contexto. Si hubiera que añadir algo más, habría que decir que siendo Samper un colaborador tan bueno y que realizaba los trabajos tan presto, sería sorprendente que el Príncipe no le hubiera pedido ningún otro trabajo, o que solo se sirviera de los Juanco. Por tanto, mientras no se disponga de más datos, habría que volver a analizar lo que se viene dando por bueno sobre ello, porque, quizá, Pedro José Samper fue un colaborador que tuvo Bonaparte en la segunda mitad de los años 60.


Pedro José Minondo y el aezcoano

El Príncipe Bonaparte no tuvo colaboradores de cierto nombre en Aezcoa. Recogió entre los habitantes del Valle las caracteres propios del aezcoano. Publicó la doctrina que había hecho el maestro de Garralda Pedro José Minondo con ayuda de Martin Elizondo, de Aribe. Pero se desconoce de qué manuscrito se sirvió Bonaparte para la publicación. Los autores de los textos en aezcoano, salvo alguna excepción son desconocidos. En todas las doctrinas aparecen nombres y apellidos, incluso varios y, a veces, hasta rubricados. Sin embargo, estos nombres sólo indican la pertenencia de dichos manuscritos o, tal vez, por qué manos han pasado, pero no aclaran quién pudo ser el traductor.

En algún caso, como, por ejemplo, en el del manuscrito que conocemos como Orbarako dotrina - 1, está escrito por dos personas, y, a nuestro parecer, esta doctrina y la segunda de Orbara, las dos, son copias realizadas de otro manuscrito. Tampoco se conoce al traductor de Garraldako Dotrina - 1. Se ha dado el nombre de Pedro José Minondo como autor de este último, pero no lo hemos podido verificar. Finalmente, el autor del manuscrito Garraldako Dotrina - 2 es Javier Loperena, que fue párroco de Garralda.


José Ignacio Arana

El jesuita azkoitiano José Ignacio Arana nació en 1838, y murió en 1896, con 58 años. Fue un fiel colaborador de L. L. Bonaparte en su segunda etapa. Aunque lo fuera en los últimos años, fue, junto con Echenique, uno de los colaboradores más apreciados por el Príncipe, como lo atestiguan las cartas que le escribió. Parece ser que no se conocieron personalmente y que toda su relación fue epistolar.

Los manuscritos existentes en el Fondo Bonaparte del Padre Arana, poemas y cartas en su mayoría, son numerosos y bastante breves. Colaboró con Manterola mediante la publicación de varios trabajos suyos en la revista Euskal Erria, algunos de los cuales se encuentran en el Fondo.

Cabe señalar que, por las referencias hechas a través de su correspondencia, consta que en 1877 el jesuita envió a Bonaparte varios trabajos manuscritos, sin embargo, no todos están presentes en el Fondo, así la relación de los nombres de las semanas y de los meses, por ejemplo. De cualquier modo, Bonaparte apreciaba mucho el material del Padre Arana y le sirvió de gran ayuda para un mejor conocimiento del dialecto guipuzcoano.


Juan Antonio Moguel

Para terminar con esta lista de autores y traductores, hay que mencionar a Juan Antonio Moguel y Urquiza. Aunque nació en Eibar en 1745, lo relacionamos con Markina Xemein, donde fue párroco hasta que murió en 1804. No se puede decir que fuera colaborador de Bonaparte, ya que murió a comienzos del siglo XIX, pero el manuscrito Cristau eracasle euscalduna, que escribió en guipuzcoano, llegó a manos de Bonaparte y, sin duda, pudo aprovecharse de su interés lingüístico.


Otros

Bonaparte tuvo también otros colaboradores, que le hicieron traducciones a determinadas hablas de algunas localidades. Junto con ellos son también dignos de mención los autores de otros materiales de diferentes dialectos que, si bien no escribieron para él, fueron de gran ayuda para que Bonaparte pudiera conocer y analizar mejor las diversas variedades del euskara.

Clasificándolos por dialectos, se pueden nombrar los siguientes:

Vizcaíno

Eusebio Mª Azkue, F. Arrese Beitia, J. C. Renteria, Acisclo X. De Aguirre.

Guipuzcoano

Juan Eloy Udabe, José Antonio Azpiazu, A. P. Iturriaga.

Labortano

Edmond Guibert

Bajonavarro occidental

Ioanes Oxalde Etxezuri

Bajonavarro oriental

B. Celhabe, Jaureguiberry, Bidegarray, J.B. Mendibouru, Henry Noële.

Suletino

Alkat Barkoxekua, J.B. Barneix, Iriart.



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